De repartir pescado con un carro a venderlo en toda España.
La familia Guzmán lleva desde los años treinta vendiendo pescado en l’Ametlla de Mar. Nueve pescaderías, tres generaciones y una tienda online que hoy llega a cualquier casa de la península.
La Mar de Fresco: contexto y punto de partida.
Cuando llegamos, La Mar de Fresco ya vendía fuera del mostrador: los pedidos entraban por WhatsApp, uno a uno, y alguien los iba apuntando a mano. Funcionaba, pero solo mientras hubiera alguien al otro lado del teléfono y solo con quien ya los conocía. Fuera del Delta del Ebro, la marca no existía.
Vender el peor producto imaginable para internet — y hacerlo con nombre propio.
Nos pidieron dos cosas a la vez, y las dos eran la misma: llegar más allá del Delta y tener una marca que sostuviera ese viaje. Porque el pescado fresco se compra con los ojos, caduca en horas y nadie te lo compra si no se fía de ti. Noventa años de oficio en el mostrador no significan nada para alguien que te encuentra por primera vez en Google a las once de la noche.
Que el pescado llegue como salió de la lonja.
La objeción real de quien compra pescado por internet nunca es el precio: es si llegará bien. Así que la cadena de frío dejó de ser un detalle logístico y pasó a ser argumento de venta. La ventana de 24/48 h aparece en la portada, en cada ficha de producto y en el carrito, con el proceso explicado paso a paso — de la lonja a la caja isotérmica y de ahí a la puerta. El packaging va en la misma dirección: cartón kraft sin blanquear, sello impreso, «del mar a tu mesa». Abrir la caja tenía que confirmar la promesa, no desmentirla.
Un catálogo que cambia cada mañana con lo que entra en lonja.
Una pescadería no tiene catálogo fijo: tiene lo que ha entrado hoy. Y muchas piezas se venden por peso, así que el precio es un rango, no un número. Montamos la tienda sobre WooCommerce precisamente por eso — el equipo tenía que poder tocarla cada día sin llamarnos. La arquitectura sigue la lógica del mostrador y no la de un ecommerce: pescado blanco, pescado azul, mariscos y crustáceos, cefalópodos y elaboración propia, con filtros por especie dentro. Quien busca sardina busca sardina, no «pescado azul».
Fotografiar pescado sin que parezca de supermercado.
El pescado fresco fotografía mal: se apaga en minutos y cualquier luz de más lo convierte en producto de lineal. Hicimos la fotografía nosotros, en su entorno y con su producto, buscando que se pareciera a lo que hay en el mostrador y no a un banco de imágenes. Es la única parte del proyecto que no se puede resolver con criterio técnico: o el pescado apetece, o no hay tienda que lo salve.


Una marca que huele a puerto y una tienda que se gestiona sola.
El sello circular lleva el pueblo dentro — «La Mar de Fresco · L’Ametlla de Mar» — con un pez y un gajo de limón a una sola línea, azul marino y patrón de escamas. Cero fotografía de producto en la identidad: el pescado ya sale en la tienda. Sobre eso, una tienda que recalcula sola los descuentos por importe, enseña el envío gratis desde 60 € en cada ficha y no en el carrito, y un recetario que entra por búsquedas de cocina y sale con la compra hecha. Y por debajo, SEO por especie y campañas en Google y Meta apoyadas en lo único que un supermercado no puede copiar: el origen.


Resultados del proyecto: La Mar de Fresco.
¿Tienes un producto bueno y ninguna forma de venderlo fuera de tu pueblo?
Es exactamente el punto donde empezó La Mar de Fresco.
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